En los últimos años, en las discusiones sobre cumplimiento normativo en proyectos de pagos en criptomonedas y stablecoins, la DCE (Intercambio de Moneda Digital) australiana ha sido vista a menudo como una vía de entrada relativamente “amigable”: no requiere licencia financiera, solo registrarse en AUSTRAC y establecer un sistema de lucha contra el lavado de dinero, para poder realizar intercambios entre criptomonedas y moneda fiduciaria.
Pero si se continúa usando esta interpretación en 2026, las evaluaciones suelen ser erróneas. Porque lo que está ocurriendo en la regulación australiana no es un ajuste en una “licencia” específica, sino una reconstrucción del marco regulatorio para los servicios de activos virtuales en su conjunto.
La verdadera cuestión que hay que responder ha cambiado de “¿Es fácil o difícil operar una DCE?” a: bajo la nueva estructura regulatoria, ¿qué posición ocupa la DCE? ¿Qué problemas puede resolver aún, y cuáles no puede resolver claramente?
Posición legal actual de la DCE en Australia: regulación anti-lavado de dinero, no licencia financiera
Bajo el sistema vigente, la base legal de la “DCE australiana” proviene principalmente de la Ley de Anti-Lavado de Dinero y Financiamiento del Terrorismo de 2006 (AML/CTF Act) y sus reglas complementarias. Desde el punto de vista legal, la DCE no es una licencia de servicios financieros en el sentido de la Ley de Sociedades de 2001, ni implica que la empresa sea reconocida como institución financiera. Esencialmente, cuando una empresa ofrece servicios de intercambio entre moneda digital y fiduciaria, queda incluida en el sistema de regulación anti-lavado de dinero de AUSTRAC, convirtiéndose en una entidad reportante.
Los aspectos clave de esta regulación son muy claros:
¿La empresa identifica a sus clientes (KYC/CDD)?
¿Puede monitorear transacciones y detectar anomalías?
¿Cumple con obligaciones continuas como reportar transacciones sospechosas?
En esta etapa, AUSTRAC no evalúa el modelo de negocio en sí ni si la empresa “es adecuada” para realizar este tipo de actividades. La lógica regulatoria es típicamente ex post (posterior): primero se permite que el mercado funcione, y luego se corrige mediante aplicación de la ley, auditorías y sanciones. En este contexto, la DCE ha sido durante mucho tiempo una “entrada” para proyectos de pagos en criptomonedas, OTC, stablecoins, etc., para cumplir con las normativas.
Cambio clave en 2026: actualización del marco AML/CTF y mecanismo de “confirmación de registro”
El verdadero punto de inflexión proviene de una revisión sistemática del sistema AML/CTF en Australia. A finales de 2024, Australia aprobó la Ley de Enmienda AML/CTF de 2024, impulsada por el Ministerio del Interior y AUSTRAC, que clarifica la incorporación más sistemática de servicios designados relacionados con activos virtuales (virtual asset-related designated services) en el marco de lucha contra el lavado de dinero. Según los planes publicados, la reforma clave se implementará antes del 31 de marzo de 2026. Esta reforma trae al menos tres cambios sustantivos:
La regulación pasa de centrarse en “DCE individual” a abarcar un “conjunto de servicios relacionados con activos virtuales”. La conversión entre moneda fiduciaria y criptomonedas sigue regulada, pero ya no es el único foco principal. Las conversiones entre activos virtuales, transferencias de valor, ejecuciones de pagos, etc., entran en la evaluación de riesgos y regulación de AUSTRAC.
El ritmo regulatorio pasa de ser reactivo a preventivo. Bajo el nuevo marco, solo completar el registro (enrolment) ya no basta para obtener la autorización para operar. Para los servicios relacionados con activos virtuales, las empresas deben obtener la confirmación de registro (registration confirmation) de AUSTRAC, y no pueden ofrecer servicios antes de tenerla.
El énfasis en cumplimiento cambia de “¿está registrado?” a “¿tiene capacidad de cumplir de forma sostenible?”. AUSTRAC ya no se preocupa solo por la documentación formal, sino por si la empresa comprende realmente el tipo de servicios que ofrece, las rutas de fondos y los riesgos asociados, y si tiene la capacidad de cumplir continuamente con las obligaciones AML/CTF.
Esto significa que el espacio para “lanzarse primero y cumplir después” en el sistema actual se ha reducido claramente.
Cambio en el rol de la DCE: de “pase de entrada” a “etiqueta de tipo de servicio”
Bajo la nueva estructura AML/CTF, la DCE no será eliminada, pero su significado legal ha cambiado. Antes de 2026, “tener una DCE registrada” equivalía casi a “poder realizar actividades de intercambio en Australia de forma conforme”; después de 2026, la DCE será más bien una categoría específica de servicio dentro del sistema de regulación de servicios de activos virtuales de AUSTRAC. La capacidad de operar legalmente dependerá de tres cuestiones más sustantivas:
Qué servicios relacionados con activos virtuales se ofrecen realmente;
Si estos servicios han obtenido la confirmación de registro;
Si el sistema AML/CTF correspondiente está alineado con los riesgos de los servicios.
En este contexto, solo destacar “tener o no DCE” ya no es suficiente para describir el estado de cumplimiento de una empresa.
Segunda línea de regulación: ¿por qué ASIC introduce el marco de “plataformas y custodia de activos digitales”?
Si la reforma de AUSTRAC resuelve la cuestión de si los fondos circulan de forma conforme, el núcleo de la preocupación de ASIC es: quién custodia y controla los activos en nombre del cliente, y quién asume la responsabilidad legal en caso de riesgos. Esta lógica se refleja en el “Proyecto de Ley de Exposición para la Regulación de Plataformas de Activos Digitales” publicado en 2025 por el Ministerio de Finanzas de Australia. El borrador propone modificar la Ley de Sociedades de 2001 para incluir explícitamente ciertos tipos de plataformas de activos digitales y arreglos de custodia en el marco de regulación de productos y servicios financieros. La regulación no se basa en si los activos virtuales son valores, sino en sus funciones y control. La evaluación clave es:
¿La plataforma mantiene en nombre del cliente las claves privadas?
¿Gestiona saldos de cuentas o libros internos?
¿Tiene control sustantivo sobre la transferencia de activos?
Una vez que la actividad involucra estos aspectos, el rol legal de la plataforma deja de ser solo un intermediario técnico o un sujeto de obligaciones AML, y pasa a ser un proveedor de servicios financieros que “gestiona activos en nombre del cliente”, generalmente requiriendo obtener una licencia AFSL y cumplir con requisitos más estrictos de conducta, gobernanza y protección de activos del cliente.
La regulación de activos virtuales en Australia, en realidad, solo se basa en esta línea divisoria
Australia adopta una regulación altamente funcional y estratificada para los activos virtuales, cuyo núcleo no es si los activos son criptomonedas, sino si la plataforma empieza a gestionar y controlar activos en nombre de terceros. Cuando el negocio solo implica intercambios, transferencias o ejecuciones de pagos con activos virtuales, el riesgo principal es la conformidad en el flujo de fondos, y la regulación se centra en AML y financiamiento del terrorismo. Estas actividades pueden realizarse simplemente registrándose en AUSTRAC, obteniendo la confirmación de registro y cumpliendo continuamente con las obligaciones AML/CTF.
Pero si el modelo evoluciona a custodiar claves privadas en nombre del cliente, gestionar activos de forma centralizada, o crear derechos de saldo del cliente en la plataforma, la naturaleza del riesgo cambia. En ese momento, la dependencia crediticia del cliente en la plataforma se vuelve central, y las actividades ya no solo son obligaciones de AML, sino que deben encuadrarse en la regulación de servicios financieros liderada por ASIC, y obtener la licencia AFSL correspondiente.
En otras palabras, realizar transferencias simples de valor queda en manos de AUSTRAC; si se gestionan activos en nombre de terceros, se debe ingresar en el marco de regulación de servicios financieros de ASIC. Esta línea divisoria constituye la lógica básica del sistema de regulación de activos virtuales en Australia.
¿Es aún necesario completar el registro DCE ahora, en 2026?
En este contexto, si “hacer la DCE ahora” sigue siendo una cuestión de sí o no, ya no lo es, sino una estrategia de fase. Para las empresas que planean realizar a largo plazo intercambios o pagos en criptomonedas en Australia, y cuyo modelo de negocio ya está bastante definido, completar el registro DCE en la actualidad tiene sentido práctico: ayuda a construir un historial de cumplimiento, a operar previamente el sistema AML/CTF, y a preparar la base para la confirmación de registro futura.
Pero hay que ser conscientes de que la DCE actual solo puede considerarse una base transitoria, y no la conformidad definitiva después de 2026. Independientemente de si se registra ahora o no, en el futuro será inevitable completar la confirmación de registro bajo el nuevo marco, y someterse a una revisión regulatoria más estricta.
El núcleo del camino en Australia no es la DCE, sino la lógica regulatoria en sí misma
Si se busca una evaluación de nivel superior sobre la regulación de activos virtuales en Australia, quizás la conclusión sea: Australia no intenta resolver todos los problemas con una sola licencia nueva, sino que, mediante una estratificación funcional, integra progresivamente los servicios de activos virtuales en su marco legal existente. La DCE todavía existe, pero solo como una etiqueta de entrada en ese sistema. La verdadera clave para la conformidad radica en cómo las empresas abordan en su diseño de negocio las cuestiones clave de “intercambio, transferencia, custodia y control”. Después de 2026, entender la lógica regulatoria en sí misma será mucho más importante que obsesionarse con una licencia o registro específico.
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Guía de introducción a los pagos con criptomonedas — Licencia preferida: DCE Australia
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Autor original: Shao Jiadian Abogado
Introducción
En los últimos años, en las discusiones sobre cumplimiento normativo en proyectos de pagos en criptomonedas y stablecoins, la DCE (Intercambio de Moneda Digital) australiana ha sido vista a menudo como una vía de entrada relativamente “amigable”: no requiere licencia financiera, solo registrarse en AUSTRAC y establecer un sistema de lucha contra el lavado de dinero, para poder realizar intercambios entre criptomonedas y moneda fiduciaria.
Pero si se continúa usando esta interpretación en 2026, las evaluaciones suelen ser erróneas. Porque lo que está ocurriendo en la regulación australiana no es un ajuste en una “licencia” específica, sino una reconstrucción del marco regulatorio para los servicios de activos virtuales en su conjunto.
La verdadera cuestión que hay que responder ha cambiado de “¿Es fácil o difícil operar una DCE?” a: bajo la nueva estructura regulatoria, ¿qué posición ocupa la DCE? ¿Qué problemas puede resolver aún, y cuáles no puede resolver claramente?
Posición legal actual de la DCE en Australia: regulación anti-lavado de dinero, no licencia financiera
Bajo el sistema vigente, la base legal de la “DCE australiana” proviene principalmente de la Ley de Anti-Lavado de Dinero y Financiamiento del Terrorismo de 2006 (AML/CTF Act) y sus reglas complementarias. Desde el punto de vista legal, la DCE no es una licencia de servicios financieros en el sentido de la Ley de Sociedades de 2001, ni implica que la empresa sea reconocida como institución financiera. Esencialmente, cuando una empresa ofrece servicios de intercambio entre moneda digital y fiduciaria, queda incluida en el sistema de regulación anti-lavado de dinero de AUSTRAC, convirtiéndose en una entidad reportante.
Los aspectos clave de esta regulación son muy claros:
En esta etapa, AUSTRAC no evalúa el modelo de negocio en sí ni si la empresa “es adecuada” para realizar este tipo de actividades. La lógica regulatoria es típicamente ex post (posterior): primero se permite que el mercado funcione, y luego se corrige mediante aplicación de la ley, auditorías y sanciones. En este contexto, la DCE ha sido durante mucho tiempo una “entrada” para proyectos de pagos en criptomonedas, OTC, stablecoins, etc., para cumplir con las normativas.
Cambio clave en 2026: actualización del marco AML/CTF y mecanismo de “confirmación de registro”
El verdadero punto de inflexión proviene de una revisión sistemática del sistema AML/CTF en Australia. A finales de 2024, Australia aprobó la Ley de Enmienda AML/CTF de 2024, impulsada por el Ministerio del Interior y AUSTRAC, que clarifica la incorporación más sistemática de servicios designados relacionados con activos virtuales (virtual asset-related designated services) en el marco de lucha contra el lavado de dinero. Según los planes publicados, la reforma clave se implementará antes del 31 de marzo de 2026. Esta reforma trae al menos tres cambios sustantivos:
La regulación pasa de centrarse en “DCE individual” a abarcar un “conjunto de servicios relacionados con activos virtuales”. La conversión entre moneda fiduciaria y criptomonedas sigue regulada, pero ya no es el único foco principal. Las conversiones entre activos virtuales, transferencias de valor, ejecuciones de pagos, etc., entran en la evaluación de riesgos y regulación de AUSTRAC.
El ritmo regulatorio pasa de ser reactivo a preventivo. Bajo el nuevo marco, solo completar el registro (enrolment) ya no basta para obtener la autorización para operar. Para los servicios relacionados con activos virtuales, las empresas deben obtener la confirmación de registro (registration confirmation) de AUSTRAC, y no pueden ofrecer servicios antes de tenerla.
El énfasis en cumplimiento cambia de “¿está registrado?” a “¿tiene capacidad de cumplir de forma sostenible?”. AUSTRAC ya no se preocupa solo por la documentación formal, sino por si la empresa comprende realmente el tipo de servicios que ofrece, las rutas de fondos y los riesgos asociados, y si tiene la capacidad de cumplir continuamente con las obligaciones AML/CTF.
Esto significa que el espacio para “lanzarse primero y cumplir después” en el sistema actual se ha reducido claramente.
Cambio en el rol de la DCE: de “pase de entrada” a “etiqueta de tipo de servicio”
Bajo la nueva estructura AML/CTF, la DCE no será eliminada, pero su significado legal ha cambiado. Antes de 2026, “tener una DCE registrada” equivalía casi a “poder realizar actividades de intercambio en Australia de forma conforme”; después de 2026, la DCE será más bien una categoría específica de servicio dentro del sistema de regulación de servicios de activos virtuales de AUSTRAC. La capacidad de operar legalmente dependerá de tres cuestiones más sustantivas:
En este contexto, solo destacar “tener o no DCE” ya no es suficiente para describir el estado de cumplimiento de una empresa.
Segunda línea de regulación: ¿por qué ASIC introduce el marco de “plataformas y custodia de activos digitales”?
Si la reforma de AUSTRAC resuelve la cuestión de si los fondos circulan de forma conforme, el núcleo de la preocupación de ASIC es: quién custodia y controla los activos en nombre del cliente, y quién asume la responsabilidad legal en caso de riesgos. Esta lógica se refleja en el “Proyecto de Ley de Exposición para la Regulación de Plataformas de Activos Digitales” publicado en 2025 por el Ministerio de Finanzas de Australia. El borrador propone modificar la Ley de Sociedades de 2001 para incluir explícitamente ciertos tipos de plataformas de activos digitales y arreglos de custodia en el marco de regulación de productos y servicios financieros. La regulación no se basa en si los activos virtuales son valores, sino en sus funciones y control. La evaluación clave es:
Una vez que la actividad involucra estos aspectos, el rol legal de la plataforma deja de ser solo un intermediario técnico o un sujeto de obligaciones AML, y pasa a ser un proveedor de servicios financieros que “gestiona activos en nombre del cliente”, generalmente requiriendo obtener una licencia AFSL y cumplir con requisitos más estrictos de conducta, gobernanza y protección de activos del cliente.
La regulación de activos virtuales en Australia, en realidad, solo se basa en esta línea divisoria
Australia adopta una regulación altamente funcional y estratificada para los activos virtuales, cuyo núcleo no es si los activos son criptomonedas, sino si la plataforma empieza a gestionar y controlar activos en nombre de terceros. Cuando el negocio solo implica intercambios, transferencias o ejecuciones de pagos con activos virtuales, el riesgo principal es la conformidad en el flujo de fondos, y la regulación se centra en AML y financiamiento del terrorismo. Estas actividades pueden realizarse simplemente registrándose en AUSTRAC, obteniendo la confirmación de registro y cumpliendo continuamente con las obligaciones AML/CTF.
Pero si el modelo evoluciona a custodiar claves privadas en nombre del cliente, gestionar activos de forma centralizada, o crear derechos de saldo del cliente en la plataforma, la naturaleza del riesgo cambia. En ese momento, la dependencia crediticia del cliente en la plataforma se vuelve central, y las actividades ya no solo son obligaciones de AML, sino que deben encuadrarse en la regulación de servicios financieros liderada por ASIC, y obtener la licencia AFSL correspondiente.
En otras palabras, realizar transferencias simples de valor queda en manos de AUSTRAC; si se gestionan activos en nombre de terceros, se debe ingresar en el marco de regulación de servicios financieros de ASIC. Esta línea divisoria constituye la lógica básica del sistema de regulación de activos virtuales en Australia.
¿Es aún necesario completar el registro DCE ahora, en 2026?
En este contexto, si “hacer la DCE ahora” sigue siendo una cuestión de sí o no, ya no lo es, sino una estrategia de fase. Para las empresas que planean realizar a largo plazo intercambios o pagos en criptomonedas en Australia, y cuyo modelo de negocio ya está bastante definido, completar el registro DCE en la actualidad tiene sentido práctico: ayuda a construir un historial de cumplimiento, a operar previamente el sistema AML/CTF, y a preparar la base para la confirmación de registro futura.
Pero hay que ser conscientes de que la DCE actual solo puede considerarse una base transitoria, y no la conformidad definitiva después de 2026. Independientemente de si se registra ahora o no, en el futuro será inevitable completar la confirmación de registro bajo el nuevo marco, y someterse a una revisión regulatoria más estricta.
El núcleo del camino en Australia no es la DCE, sino la lógica regulatoria en sí misma
Si se busca una evaluación de nivel superior sobre la regulación de activos virtuales en Australia, quizás la conclusión sea: Australia no intenta resolver todos los problemas con una sola licencia nueva, sino que, mediante una estratificación funcional, integra progresivamente los servicios de activos virtuales en su marco legal existente. La DCE todavía existe, pero solo como una etiqueta de entrada en ese sistema. La verdadera clave para la conformidad radica en cómo las empresas abordan en su diseño de negocio las cuestiones clave de “intercambio, transferencia, custodia y control”. Después de 2026, entender la lógica regulatoria en sí misma será mucho más importante que obsesionarse con una licencia o registro específico.