Si valoras demasiado la educación, una certificación de alto nivel será suficiente para inspirarte respeto; si valoras el origen familiar, solo mencionar la identidad de los padres te hará ceder un poco; si crees en la experiencia, unos pocos encuentros te harán sentir que eres superficial; si te importa la apariencia, las personas ligeramente más atractivas te harán sentir inferior. Estos factores no carecen de valor, pero están muy lejos de ser tan importantes como piensas, y no pueden definir verdaderamente a una persona. Muchas veces, lo que realmente nos atrapa no son las condiciones externas, sino la exagerada amplificación de estas etiquetas en nuestra mente, lo que nos lleva a enfrentarnos a molestias y desequilibrios innecesarios en el trabajo y en la vida.

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