Acabo de descubrir uno de los negocios más salvajes en la historia de la aviación comercial, y honestamente, es difícil entender cómo un solo contrato pudo generar toda una pesadilla para una aerolínea. En 1987, un joven llamado Steve Rothstein tenía solo 21 años cuando tomó una decisión que resonaría durante décadas: gastó 250 mil dólares en un American Airlines AAirpass que prometía vuelos ilimitados gratis de por vida. No solo para él, también incluyó 150 mil dólares adicionales por un pase para un acompañante. ¿Suena loco? Eso es porque lo era.



Aquí es donde se pone interesante. Steve Rothstein no solo compró un boleto—compró una gallina de huevos de oro, y sabía exactamente cómo usarla. Durante los siguientes 21 años, este tipo acumuló más de 10,000 vuelos. Hablamos de 30 millones de millas en el aire. Algunos días literalmente volaba a otro estado solo para almorzar y regresaba esa misma noche. ¿El valor total de sus viajes? 21 millones de dólares. Sí, leíste bien. American Airlines perdió 21 millones de dólares por culpa del pase de por vida de un solo hombre.

Lo que hizo a Steve Rothstein aún más legendario fue cómo lo usaba. Reservaba asientos para personas sin hogar para reunirlas con su familia. A veces reservaba un asiento para un acompañante que nunca aparecía, o simplemente no abordaba los vuelos que había reservado. La aerolínea observaba con incredulidad cómo su pasajero más excéntrico—y al mismo tiempo, su más caro—seguía empujando los límites de lo que realmente significaba "ilimitado".

Para 1994, American Airlines ya había visto suficiente. Intentaron cancelar el programa por completo. Originalmente, 60 personas habían comprado estos pases, pero solo 28 seguían usándolos activamente para entonces. Steve Rothstein definitivamente era uno de ellos. La compañía decidió cerrarlo, pero aquí viene el giro de la trama: Steve no aceptó eso.

En 2008, American Airlines finalmente explotó. Presentaron una demanda, alegando que él estaba abusando del servicio. Pero aquí está lo importante de los contratos en Estados Unidos—son vinculantes. Un acuerdo es un acuerdo. Steve Rothstein los llevó a los tribunales y ganó. La aerolínea tuvo que retroceder. Hoy en día, menos de 20 personas en el mundo aún tienen pases ilimitados de por vida, y Steve Rothstein sigue siendo uno de ellos. Eso no es solo una historia de viajero frecuente—es una clase magistral en leer la letra pequeña y hacer que las corporaciones rindan cuentas por sus propias promesas.
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